| La
formación de Maestros había estado en completo
abandono, a pesar del interés que se demostró
en los primeros gobiernos republicanos por la educación
primaria.
Una iniciativa que significó la capacitación
de algunos maestros fue la creación de una escuela
normal lancasteriana durante el gobierno de O`Higgins. De
los doscientos alumnos que tuvo la escuela, muchos eran
maestros en ejercicio lo que significó la introducción
de este método en su práctica de enseñanza.
Entre las acciones que se emprendieron en los gobiernos
conservadores a partir de 1830, en relación a la
educación primaria, estuvo la fundación de
la Escuela Normal de Preceptores.
Esta se fundó en 1842, siendo Ministro de Instrucción
Pública don Manuel Montt Balmaceda. Su primer director
fue el educador argentino don Domingo Faustino Sarmiento,
principal impulsor de esta iniciativa, quien con un ayudante
fueron sus primeros profesores. En el decreto de creación
se señalaba:
....la instrucción primaria es la base en que
deben cimentarse la mejora de las costumbres y todo progreso
intelectual, sólido y verdadero; aquella instrucción
no puede llenar tan importante objeto sin que sea comunicada
por maestros idóneos y conocida moralidad, y mediante
métodos fáciles, claros y uniformes, que ahorrando
tiempo y dificultades, la hagan extensiva a todas las clases
de la sociedad, sin un establecimiento central en que se
formen los preceptores, se estudien y aprendan los métodos
y se preparen y practiquen las reformas necesarias para
la mejora de la enseñanza, no es posible por ahora
llegar a aquel término... Se establecerá en
Santiago una Escuela Normal de enseñanza e instrucción
de las personas que han de dirigir las escuelas primarias
en toda la extensión de la República.”
La escuela empezó a funcionar en un altillo del Portal
Sierra Bella de Santiago, ubicado en Plaza de Armas. Los
alumnos contarían con una beca otorgada por el gobierno,
que cubriría gastos de alimentación y vestuario,
constituyéndose esta en uno de los principales incentivos
para que los “hijos del pueblo” abrazaran esta
profesión.
En los comienzos hubo problemas con los alumnos que iniciaron
la escuela. De treinta que conformaron el primer curso,
al cabo de dos años, veintiocho habían sido
expulsados por pocas aptitudes o mala conducta.
Se constataba que la mayoría de los futuros preceptores
eran de extracción social precaria, similar a la
de los que ejercían en las escuelas. Se produjo el
régimen de internado, adecuado para una más
efectiva socialización, el que se implementó
a partir de la segunda promoción de la escuela. En
1845 se graduaron once preceptores siendo destinados a distintos
puntos del país, donde debían servir por siete
años; si se retiraban antes del servicio debían
pagar al Estado lo que se había invertido en su educación.
En 1849 se pone en práctica el nuevo plan de estudios
propuesto por Sarmiento, que incorporaba otros ramos tales
como agricultura, cosmografía, geografía física,
historia santa y fundamentos de la fe.
En 1853, bajo la dirección de Juan Godoy, se trasladó
la escuela a un local propio en la calle Matucana, se reformaron
nuevamente los planes de estudio, así como también
se restringió el ingreso de alumnos.
La educación de las niñas también
despertó gran preocupación, pero sólo
once años más tarde que la escuela para hombres,
se fundó la Escuela Normal de Preceptoras, en 1854,
bajo la dirección de las religiosas del Sagrado Corazón.
La formación duraba cuatro años, contaba con
una beca estatal, de tal modo que rápidamente se
convirtió en una solución para las hijas de
familias modestas y madres viudas.
La necesidad de formación de preceptoras se manifestó
con la creación de la Escuela Normal de Chillán
en 1871 y de La Serena en 1874. Ambas escuelas fueron organizadas
por Mercedes Cervelló, una maestra que se destacó
en la enseñanza de niñas de Chillán.
En la década del ochenta crece la preocupación
respecto del sistema educativo primario. En 1878 se comisionó
al abogado don José Abelardo Nuñez para que
se trasladara a Europa y Estados Unidos, a fin de estudiar
sus sistemas educativos, quien luego de cuatro años
fuera del país, informó lo siguiente:........
“Se deben organizar Escuelas Normales, elegir
y contratar en Europa profesores de uno y otro sexo, como
asimismo comprar el material de enseñanza para las
escuelas públicas, y de colocar en establecimientos
especiales a los preceptores y alumnos normalistas que irían
a perfeccionar en Europa sus estudios pedagógicos”.
En 1884, teniendo ya el cargo de Inspector General de las
Escuelas Normales, el señor Nuñez fue comisionado
nuevamente para viajar a Europa con el propósito
de implementar lo señalado en su informe.
La admiración por la educación alemana determinó
el reemplazo del modelo francés existente en la educación
chilena.
Hacia 1885 empezaron a llegar a las Escuelas Normales de
Alemania y Austria, ejerciendo su influencia sobre la formación
del preceptorado por más de 20 años.
Especial importancia tuvo la reforma de la Escuela Normal
de Preceptoras de Santiago; se contrató a una educadora
alemana, Teresa Adametz para que la dirigiera; del mismo
modo se renovó toda la planta docente, contratando
profesoras alemanas y austríacas, cuyo lema era....
“La preparación teórica consiste
en la comprensión de los elementos de la psicología
y de los principios fundamentales de la educación....,
de los de la enseñanza en particular, que es la metodología
general, y de la teoría de la enseñanza especial
de cada ramo primario...”
Durante el siglo pasado se inició el proceso de
profesionalización de los maestros, como parte de
una política estatal de educación para los
sectores pobres. Esta profesionalización fue condición
necesaria para la eficiencia en la práctica pedagógica
y al mismo tiempo garantía de control, porque los
maestros debían convertirse en agentes socializadores
y civilizadores en una sociedad marcada más por la
exclusión que por la integración.
No resulta fácil, establecer y aplicar parámetros
que avalen de modo científico algunas conclusiones
respecto de cual fue la influencia real de estas instituciones
en la forma básica de la niñez y la juventud,
pero sin riesgo de subjetividad puede aseverarse el espíritu
de verdadera mística con que los maestros normalistas
abrazaban su labor e influían es sus educandos y
en las comunidades a lo largo de todo el país, en
un grado muy notable de identificación y entrega,
como asimismo el nítido reconocimiento internacional
que fueron ganándose las primeras Escuelas Normales,
expresado en los numerosos alumnos extranjeros que vinieron
a incorporarse a sus aulas y en las varias e importantes
contrataciones de misiones de maestros chilenos para organizar
Escuelas Normales en otras naciones del continente o para
servir a ellas.
De esta forma la enseñanza quedaba investida de
un carácter apostólico, era una “misión”
desinteresada de lo económico, compensada por la
“satisfacción” y “el espíritu
de la entrega”, por la pureza del acto de iluminar
las mentes atrapadas por la ignorancia. La humildad y el
sacrificio eran el corolario de esta profesión. Esto
ha quedado escrito en las fibras efectivas del Normalismo,
quizá por ello, hoy los maestros normalistas exigen
de los otros: los alumnos, las autoridades y de la sociedad
en general; la valoración de su “misión”
y de su “espíritu de entrega”.
En cuanto a las personas que se formaron en las Escuelas
Normales, constituyeron efectivamente un catalizador importante
de una elite del espíritu, conforme a las aspiraciones
de los gestores, en su tiempo, del Proyecto Pedagógico
e Investigativo más importante que naciera hace algo
más de un siglo y medio. Y que actualmente aún
sigue vigente y al cual solamente habría que readecuar
algunos de sus propósitos para volver a convertirlo
en el eje fundamental en la formación del nuevo ciudadano
para la sociedad moderna y desarrollada.
Hacia el término del primer cuarto del presente
siglo, ya había en Chile 15 planteles de este tipo,
en los cuales se titulaban anualmente unos tres centenares
de maestros. Entre los años 1927 y 1929 se refundieron
varias Escuelas, hasta reducir su número total a
sólo 6; se las clasificó en Rurales y Urbanas.
Paulatinamente se fueron agregando severas exigencias de
“condiciones de carácter especial para el correcto
desempeño de las funciones del educador”, lo
que hacía sentir a los normalistas una comprensible
satisfacción por su calidad de tales.
Más adelante, en el marco de la Reforma educacional
de 1965 y como uno de los aspectos tendientes a asegurar
el mejoramiento del nivel cualitativo del servicio pedagógico,
se declara y decreta la formación de maestros de
nivel de enseñanza superior (Dec. 3908 de 10.06.67),
reservando por tanto, el ingreso a las normales sólo
a quienes tengan aprobada la enseñanza media en sus
modalidades científico – humanista o técnico
– profesional.
Un documento del Ministerio de Educación justifica
esta medida, explicitando que se la ha adoptado “para
capacitar al Magisterio – motor fundamental de la
Reforma, en orden a enfrentar con conocimientos y técnicas
modernas las exigencias educacionales de la hora presente”.
Debe destacarse que ella reconoce en la misma Escuela Normal
la capacidad de abordar este desafío, convocándola
a adoptar para ello un significativo ritmo de renovación,
sin dejar de mantener fidelidad a su propia trayectoria.
El perfeccionamiento de sus egresados – como el de
los profesores de todos los niveles del sistema educacional
chileno – pasaba a quedar radicado en el Centro de
Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones
Pedagógicas, creado por Ley 16.617, de 31.01.1967.
En efecto, el viernes 2 de Noviembre de 1973 – a
poco de nuevo gobierno en el país – el Ministro
de Educación, por medio de una exposición
radial y televisiva, anunció la resolución
de “suspender las actividades docentes en todas las
Escuelas Normales del país y declararlas en reorganización
hasta Marzo de 1974, mes en que se autorizará reiniciar
su actividad docente”.
La medida afectó a dos Escuelas Normales Superiores,
a catorce Comunes y al Curso Normal de Iquique, todos ellos
fiscales. Para las dos Particulares reconocidas en Santiago,
se dispuso la reorganización sin suspención
de sus actividades.
Desde entonces la formación de profesores para el
Nivel Básico quedó exclusivamente entregadas
a las Universidades – entre las cuales se distribuyeron
las antiguas Escuelas Normales con criterios prevalentes
de ubicación geográficas – situación
que, a partir de fines de 1980 se amplió en virtud
de la legislación sobre Educación Superior
a otras entidades (Academias Superiores de Ciencias Pedagógicas
e Institutos Profesionales).
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